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14 Ene 2016

Tierra trágame. Momentos embarazosos con los peques.

Enviado por yolanda.ceada
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¡Hola! ¿Cómo llevas la semana? ¿Has terminado de ubicar todos los regalos? Los míos y los de papá rápidamente encontraron un lugar, pero aún nos quedan los juguetes de los peques. Está siendo tan complicado que será tema para otro post. ;)

Hoy quería compartir algunos de esos momentos "embarazosos" que he tenido la suerte de vivir gracias a mis peques. Conociendo a mis hijos, lo observadores y curiosos que son, no me he sorprendido al verme en ésas, es más, puedo decir que me las he visto venir. Reconozco haber entrado en calor, haberme quedado un poco bloqueada y, en ocasiones, haberme tenido que morder los labios para no reír... (Lo último es lo que más me cuesta, el aguantar la risa).

Embarrassed

                                                     Foto: Matthew Loberg

1ª situación: en casa, tomando café con una pareja compañeros de trabajo de mi marido.

Son del norte y estaban pasando unos días de vacaciones, íbamos a quedar en una cafetería, pero como hacía mucho frío decidimos invitarles a casa. Él charlaba animadamente con papá. Ella, los peques y yo estábamos sentados en el sofá.

De repente uno de mis hijos comienza a mirar fijamente los labios de ella. Veo un colmillo torcido que se asoma de su boca cada vez que sonríe, y como es muy simpática lo hace muy a menudo. Hasta que se escucha una vocecilla: "mamá, mira tiene un diente doblado. Eso es porque no se lava los dientes".

Empieza a subirme el calor... Menos mal que la segunda frase parece que ella no la ha escuchado. Tengo que explicar que nuestro argumento cuando no han querido lavarse los dientes ha sido: "si no te los lavas se te pondrán torcidos". Mi respuesta: "sí cariño, mami también tiene muchos dientes torcidos. ¿Ves?". Y empiezo a mostrar a todos mi dentadura. :$

2ª situación: bajando en el ascensor tras visitar a unos amigos.

Se para en el segundo. Aparece una señora gorda, gordísima, mejor dicho, obesa. Nosotros cuatro con nuestros abrigos ya ocupábamos bastante espacio. No es que fuésemos apretados, pero esa señora era inviable. Sin dudarlo se mete en el ascensor. Menos mal que sólo eran dos pisos.

Y al salir vocecilla: "Mira mamá, esa señora es muuuyyy goddda". (Con muchísimo énfasis).

De nuevo calor y labios apretados para evitar reirme.

Mi respuesta: "sí cariño, pero habla más bajito" (¿Qué podía decir? Otra cosa habría sido mentirle).

Y la señora hizo oídos sordos para el alivio nuestro.

Cara de pillo

                                                                                                   Foto: palomaleca

3ª situación: de congreso con papá.

Acompañamos a papá a un viaje de trabajo. Hicimos amistad con un matrimonio, llevaban a su hija de 6 años. Los peques se hicieron inseparables.

En una de las cenas, con dicho matrimonio y más personas, vocecilla: "mamá, ¿por qué la madre de (nombre de la niña) es nedga?". Mi respuesta: "cariño, porque lo es". (Téngase en cuenta que la señora es negra, su marido e hija blancos). Vocecilla de nuevo: "mamá, ¿y cómo se llama? ¿Nedga?".

En ese momento creo que me puse como un cangrejo hervido, me entró calor, mucho calor y ninguna gana de reír.

Mi respuesta: "¡Noooooo!, ella tiene un nombre, se llama (nombre de la señora)".

Menos mal que de seguida ella acudió a mi rescate riéndose y repitiendo su nombre, si no, creo que me habría derretido allí mismo... :(

4ª situación: comiendo en un bar de tapas del centro.

Para que te hagas una idea, el bar era super pequeño. Más bien es un pasillo. Sólo estábamos nosotros, el camarero y una pareja. De fondo sonaba una balada muy agradable de los 90. Se abre la puerta, entra otra pareja.

Y de pronto, vocecilla: "mira papá, ese hombre es cadvo".

Miramos a la pareja recién llegada y efectivamente, el señor es totalmente calvo.

Respuesta de papá: "sí, pero habla flojito y come".

De nuevo vocecilla: "¡es que no tiene ningún pelo! ¡Ninguno!"

Mi respuesta: "cariño ya vale, está feo llamarle calvo". Y no presté atención a si nos observaban o no.

 

Estas situaciones de las que me río ahora, en su momento no me hicieron mucha gracia. Como cualquier madre intento que mis hijos sean los más educados del planeta, y decirle a una señora gorda, o a un desconocido calvo, no son mi ideal de "buena educación" o "saber estar". Pero he llegado a estas conclusiones:

- Mis hijos sólo tienen 3 años y son muy observadores. Para ellos cada día es una oportunidad de descubrir y dar sentido al mundo que les rodea. En estos momentos de sus vidas lo importante es aprender, no se plantean si las preguntas que hacen son apropiadas. Son frescos y naturales. Así es como deben ser a esta edad.

- Estas situaciones no se habrían dado si los dejásemoscon los abuelos (u otra persona de confianza) cuando vamos a un restaurante, de viaje o quedamos con amigos. Y aunque es necesario que las parejas encontremos nuestros momentos para dedicarnos atención, sin tener a los enanos captándola todo el rato; estoy muy satisfecha de encontrar esos momentos sin renunciar a salir con nuestros peques. En dos palabras: "dónde vamos nosotros, van nuestros hijos".

 

Y eso es todo por hoy. Espero que hayas echado un buen rato leyéndome, y si te apetece me dejes un comentario. ¡Ah! Se aceptan ideas para organizar juguetes :)

¡Feliz jueves!

 

Sobre Yolanda Ceada

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